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Otro tema común es el de la homosexualidad. La tendencia en la sociedad de hoy es aceptar la homoxesualidad como otro estilo más de vida y no oponerse a este espectáculo.
Aquí está la versión cristiana:
es nuestro deber querer a todas las personas sin tener en cuenta el color, la raza, las creencias, o la prefererencia sexual de uno. Cualquier otra cosa que hace que estas personas sean diferentes de otros no debería interferir en cómo las tratamos, ni en cómo nos sentimos hacia ellos. Por mucho que nos oponemos a ciertas cosas, no tenemos el derecho de juzgar a los demás. Dios se reserva ese derecho para sí mismo.
El nuevo testamento nos dice claramente que tan pronto como nosotros creamos sinceramente que murió Jesús por nuestros pecados, y aceptemos a Jesús en nuestro corazón y nos bauticemos, ya no vivimos bajo la ley de Dios, sino bajo la de gracia. Por supuesto esto también es aplicable a la homosexualidad. Pero también debemos considerar que vivir bajo la gracia no nos da el derecho de vivir bajo el pecado, y aunque nosotros ya no seremos jusgados de ellos. Pero tenemos que tratar lo mejor que podamos de morar bajo la ley.
Si eres homosexual y te gustaría cambiar, me imagino que tienes un sendero difícil delante de ti. Es muy razonable pensar que una parte tan arraigada y profunda de la personalidad no pudiera cambiar.
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